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San Ignacio y la naturaleza

Publicada en 16 · jul · 2013

El P. Hedwig Lewis, jesuita de la Provincia de Gujarat (India), escribe un sugerente relato en el que dice que… «habiendo crecido en el regazo de la naturaleza, san Ignacio cultivó una gran afición por la belleza y las maravillas de la creación. En Loyola, durante su convalecencia se sentaba por la noche junto a la ventana y contemplaba las estrellas. Como él mismo recuerda: “Era mi gran consolación contemplar el cielo y las estrellas, lo que hacía muy a menudo y por tiempo prolongado, y al hacerlo sentía una llamada urgente a servir al Señor” (Autobiografía, 11).»

Solamente un poeta excepcional como el místico bengalí Rabindranath Tagore podría ayudarnos a comprender esta profunda inspiración personal de Iñigo. Él observó que cuando la naturaleza habla, las palabras guardan silencio en nuestro corazón, y que cuando la naturaleza nos interroga buscando una respuesta o una música que pueda sugerir lo inexpresable, en ese momento el pensamiento surge, o ya ha surgido, más allá del propio pensamiento.

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