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Releyendo nuestras vidas al hilo de la autobiografía de San Ignacio del P. Carles Marcet, S.J.

Compartimos con ustedes uno de los textos recomendados para el mes de agosto por el Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana (CVPI)Releyendo nuestras vidas al hilo de la autobiografía de San Ignacio del P. Carles Marcet, S.J. En donde el autor propone una relectura de nuestra biografía al hilo de la que nos brinda Ignacio, atenta a las líneas fuerza que han ido operando en ella.

 

Carles Marcet, sj. Licenciado en teología. Ha sido durante años párroco en el barrio de Bellvitge (L’Hospitalet del Llobregat) y acompañante y divulgador de los Ejercicios en comunidades populares. Actualmente forma parte del equipo del Centro Internacional de Espiritualitad de la Cova de Manresa, donde coordina el «Curso de inmersión ignaciana» y el curso «Dos meses de reciclaje en teología». En esta colección también ha publicado Ignacio de Loyola: un itinerario vital, Eides nº 75.

 

 1. Presentación.

El relato de la Autobiografía, fue narrado por San Ignacio al P. Gonçalves da Câmara, poco antes de su muerte. En las entrevistas que le concedía para ese fin, el P. Câmara tomaba breves apuntes y, al acabar, redactaba a partir de ellos. Ignacio se resistió mucho a contar su vida, tal vez por cierto pudor, tal vez por temor a que fuera presentado como «modelo a imitar» para los jesuitas que iban agregándose a la Compañía.

Ignacio no pretende hacer una crónica objetiva y neutra. Relata hechos históricos pero sólo con el propósito de reforzar la narración del itinerario espiritual, de mostrar lo que Dios ha hecho en su vida, cómo le ha ido conduciendo y cómo él ha ido percibiendo y discerniendo esa acción de Dios.

En este sentido, el título que a veces se da a la Autobiografía, «El Peregrino», es significativo, y más si se tiene en cuenta que cuando accede a abrir su interior, Ignacio lleva ya bastantes años sin moverse de Roma. Pero, aun así, se sigue autocomprendiendo como «peregrino». Porque el peregrinaje que nos quiere relatar no es sólo exterior sino fundamentalmente interior. Es algo así como una manifestación de la «memoria del corazón» donde ha ido quedando grabado el modo que Dios ha tenido para apoderarse de su vida y para irla conduciendo hacia esa «facilidad de hallar a Dios», meta definitiva de su peregrinar, como se expresa casi al final del relato [Au 99].

No se trata de acceder al relato como quien se pone a hojear el álbum de fotos de las historias del abuelo. Se trata más bien de introducirnos en el proceso espiritual vivido por Ignacio, de modo que pueda ayudar a comprender mejor nuestro propio camino espiritual, el peregrinaje de Dios en nuestras vidas. Podríamos convertir a Ignacio en nuestro compañero de búsquedas y andaduras yendo tras Dios que ya nos ha salido al encuentro.

El presente cuaderno pretende ayudar a realizar una relectura de nuestra biografía, al hilo de la que nos brinda Ignacio, que no sea puramente anecdótica o cronológica, sino atenta a las líneas fuerza que han ido operando en ella. Tal vez uno vaya descubriendo que también Dios ha conducido su propia vida y le ha ido enseñando «como un maestro de escuela enseña a un niño» [Au 27].

En cada etapa del itinerario presentaremos brevemente:

  • la historia: el marco de lo que le sucede a Ignacio.
  • la historia interior: lo que va aconteciendo en su interior al hilo del peregrinaje externo.
  • la historia hacia nuestros interiores: donde cada uno puede sentirse invitado a releer los acontecimientos que el Espíritu ha ido tejiendo en su propia vida.

 

2. Primera etapa infancia y juventud.

Es muy poco lo que narra la Autobiografía de esta etapa de su vida que dura treinta años (1491-1521), tan solo le dedica las tres primeras líneas. Con todo, no conviene pasar por alto estos treinta años de «vida oculta» pues en ellos se va forjando la naturaleza con la que Dios tendrá que trabajar.

 

2.1 La historia

No por ser prácticamente ignorada en el relato esta etapa es menos importante de reseñar. Se trata de los años en que se forja la personalidad. Destaquemos, aunque sea telegráficamente algunos aspectos de la misma.

Ignacio era el menor de trece hermanos, nacidos en el seno de una familia noble, vinculada a esferas importantes del poder del momento, de religiosidad cristiana tradicional, centrada en prácticas y tradiciones no incompatibles con una cierta relajación de costumbres. Su madre murió siendo él muy pequeño y su educación corrió a cargo de la mujer de su hermano Martín (Magdalena de Araoz) y de la mujer del herrero de la casa torre de Loyola, que vivía en el caserío cercano de Eguíbar (María Garín). Lo popular y lo noble se dieron la mano en la primera educación de Ignacio.

Fuera del heredero, el resto de hermanos de Ignacio tuvieron que buscarse la vida, ya fuera en campañas militares al servicio del rey, en campañas aventureras hacia las Américas, incorporándose al clero o al mundo cortesano. Aún siendo el País Vasco un lugar cerrado y aislado, también llegaron allá, a través de los diversos hermanos mayores, noticias del mundo exterior que vivía momentos de gran ebullición. Podríamos decir que hay una cierta analogía con el mundo actual, ya que en aquella época se experimentó un primer ensanchamiento o globalización: descubrimiento de las Américas, progresos técnico-científicos, humanismo, ruptura protestante…

Y cuando llegó el momento de buscar un futuro para el benjamín Ignacio, su padre lo colocó en el castillo de Arévalo del contador mayor del Reino de Castilla, Juan Velázquez de Cuéllar, en un ambiente claramente cortesano y caballeresco donde Ignacio vivió de los dieciséis a los veinticinco años. Luego, desde 1517 hasta 1521, estuvo al servicio del Duque de Nájera, virrey de Navarra.

 

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