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La conversación espiritual como instrumento para tomar decisiones

Publicada en 11 · nov · 2016

 

 

La tarea de la congregación general, más allá de la elección del general, es también preparar las orientaciones que la Compañía de Jesus llevará adelante los próximos años. Un grupo heterogéneo de más de 200 personas, ¿cómo pueden reflexionar juntos para llegar a tomar una decisión común?

Cada tema concreto es afrontado desde diversos niveles.

Ante todo a nivel personal. Cada delegado cuenta con un tiempo personal para que puedan rezar y reflexionar sobre el tema. Cada uno tiene la posibilidad de clarificar cuál es su posición personal, su pensamiento y su sentir interno. Los delegados pueden también confrontarse libremente los unos con los otros en un intercambio informal donde la diversidad de opiniones ayuda a alargar los horizontes personales y a considerar la cuestión desde otros puntos de vista o a acoger nuevos matices.

 

 

Después, la reunión en grupos pequeños, que pueden ser mixtos, bien lingüísticos o por asistencia/conferencia. El grupo pequeño permite exponer de modo sencillo y favorecen el compartir a diversos niveles: intelectual, emotivo y espiritual. Poco a poco, escuchándose, se forman opiniones, se va creando consenso entono a ciertas instancias, y se dejan de lado otras que al principio parecían relevantes.

Por último la discusión en el aula, donde la confrontación con la asamblea entera se convierte en una ocasión para situar la propia posición y reconocer que cosas están de verdad en el corazón del cuerpo entero de la Compañía. Como en un tamiz, las ideas propias se encuentran y se contrastan con las de demás, plasmándose y modificándose para purificarse de los intereses personales, aun no queridos, y convertirse en una búsqueda honesta y transparente del bien común.

 

Para alcanzar profundidad en la comunicación, la tradición ignaciana prevé una modalidad de diálogo particular: la conversación espiritual. No consiste, necesariamente, en una discusión sobre cuestiones espirituales, es más bien una modalidad de interacción basada en el número 22 de los ejercicios espirituales de San Ignacio:

“Para que así el que da los ejercicios espirituales como el que los recibe, más se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer que todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición dl prójimo que A condenarla, y si no lo puede salvar, pregunte como la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor, y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve.”

 

 

El “presupuesto”, como es llamado, pide que uno se ponga en una actitud de escucha profunda y seria del otro, buscando entender que quiere transmitir con sus palabras y su actitud. Es una escucha intencional, y no un juicio, que busca entender hasta el fondo la verdad de lo que el otro está comunicando.

Por otro lado, cuando se habla de un determinado tema, es necesaria libertad de espíritu (la indiferencia ignaciana) y el esfuerzo de salir de uno mismo y del propio interés y tener en cuenta el bien del grupo entero. Ponerse delante del Señor al considerar una cuestión, aunque no sea explícitamente espiritual, ayuda a liberarse de aquella ideas previas, prejuicios o ideologías que a menudo actúan aun de un modo inconsciente en nuestro modo de razonar. Se necesita silencio y concentración, pero sobre todo el deseo de servir al bien común.

La conversación espiritual es un proceso basado en la confianza mutua que implica, más allá de la relación con el otro, la dimensión espiritual y a la propia persona. Naturalmente, el hacer realidad este tipo de comunicación no está exento de dificultades, sobre todo las que hacen referencia a la comprensión mutua. A veces es difícil alcanzar el entendimiento mutuo, sobre todo cuando se generan malentendidos o ambigüedades entorno al modo de entender alguna cuestión.  Sin embargo cuando se capta la buena intención del otro y uno es solidario en la tarea de sintonizar, sucede una cosa extraordinaria: el grupo se pone en una situación en la cual es capaz de reconocer de modo claro donde quiere conducirlo el Espíritu Santo. La señal por la cual todos se dan cuenta de que está sucediendo es la consolación espiritual que llena el corazón de cada uno.

Fuente:  www.gc36.org