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Beato Juan Beyzym

Beato Juan Beyzym en PDF

Juan Beyzym fue un pionero en el cuidado de los enfermos de lepra cuando no había curación para ellos y eran marginados afrentosamente de toda sociedad.

Juan nació el 15 de mayo de 1850 en Beyzymy Wielkie en Volinia, región de la actual Ucrania. Su primera formación la recibió en su hogar, en la finca agrícola de su familia. Pero sus padres fueron obligados a emigrar después de revolución de 1863.

Juan hizo sus estudios secundarios en el Liceo de Kiev, y entró en la Compañía de Jesús el 10 de diciembre de 1872, en el Noviciado de Stara Wies. Durante el tiempo de su noviciado estalló una epidemia de cólera, y Juan y otros novicios tuvieron permiso para acompañar a los Padres y Hermanos jesuitas que visitaban a los enfermos en las aldeas cercanas para asistirlos.

Los estudios sacerdotales, de filosofía y teología, los hizo en Cracovia. En 1879 se ofreció para dedicar su vida al trabajo entre los leprosos. Allí, en Cracovia, el 26 de julio de 1881 recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo Albino Dunajewski.

Su primera misión apostólica fue trabajar en los Colegios de Tarnopol y de Chyrów donde enseñó francés y ruso, y donde también tuvo a su cargo la clase de enfermería..

Durante los años de su trabajo de educador, creció y maduró en él el deseo de consagrar su vida al duro y exigente trabajo en el servicio hacia los leprosos. Y mantuvo un intercambio epistolar con el Padre General manifestando siempre este deseo.

Y al fin, a los 48 años, obtuvo el permiso del P. General Luis Martin. Viajó de inmediato al Africa llegando a Madagascar en 1898 para compartir su trabajo apostólico con los jesuitas franceses. Escogió este país, en lugar de la India, porque él podía hablar francés y podría allí empezar de inmediato un trabajo entre los leprosos.

Primero, fue asignado, conforme a sus deseos, a la leprosería de Ambahivuraka, en las afueras de Tananarive, en una zona desértica y abandonada. Allí vivían 150 leprosos en extrema pobreza material y espiritual, diezmados por el hambre y la enfermedad, y privados de los más elementales servicios médicos. Muchos morían más por hambre que por la lepra.

Su primer trabajo fue el trasladarse a vivir con ellos, algo que pareció a muchos verdaderamente increíble. Echó manos a la experiencia que ya tenía de Enfermería y empezó a dar alguna atención médica. En una de sus muy numerosas cartas escribía: “Día y noche vivo con los enfermos”. Y añadía que a pesar de estar terriblemente desfigurados los leprosos “no dejan de ser nuestros hermanos y hermanas quienes tienen tanta necesidad de nosotros”

Y así, durante trece años, él no cesó de entregarse a ellos, con todas sus fuerzas y con toda su inteligencia. Trabajó para arreglar las casas donde vivían sus enfermos. Aseguró alimentación e inauguró el agua potable. Continuamente viajaba a la ciudad para conseguir alimentos y medicinas.

Desde un primer momento quiso tener allí médicos y enfermeras. Y trabajó para ello.. Él sabía que su proyecto era demasiado para la Misión. Y poniéndolo bajo la protección de Nuestra Señora de Czestochowa, inició peticiones a las organizaciones misioneras católicas y a empresas industriales y comerciales de Polonia. Sus cartas fueron elocuentes y muy efectivas. Escogió un lugar en Marana, cerca de la ciudad de Fianarantsoa, porque ahí había agua de buena calidad y terreno apto para trabajos agrícolas. Y el mismo Juan supervisó las construcciones e incluso él hizo las esculturas de la Capilla.

Y antes de inaugurar este hospital el Padre Juan Beyzym tuvo que acoger en él a sus leprosos de Ambahivuraka que decidieron dejar sus pobres casas, en una viaje de casi 300 kilómetros, muy duro de un mes, para estar junto a él que les había mostrado tanta aceptación y cariño. Hubo que construir viviendas para ellos y sus familias.

Este Hospital fue inaugurado oficialmente el 16 de agosto de 1916, después de la muerte de su fundador. Hoy es un hospital de 150 camas, administrado por la Hermanas de San José de Cluny. Es el mejor monumento a este hombre extraordinario e incansable, memorial de su gran abnegación que supo dar sentido de dignidad y esperanza a los más pobres, y de la caridad de sus compatriotas de Polonia. Entre éstos hubo muchos pobres que supieron ser generosos con los más pobres que ellos mismos.

El P. Beyzym murió en Marana el 2 de octubre de 1912. En su vida, como en sus tareas apostólicas, siempre tuvo ante sus ojos lo que San Ignacio había indicado a los jesuitas: la mayor gloria de Dios y salvación de las almas. Escribía: “Nuestra patria está allí donde se puede esperar la mayor gloria de Dios y bien de las almas. Poco importa donde se viva: en el ecuador o en el polo norte. Lo que vale es morir en servicio del Señor Jesús como jesuita- Yo pido a Dios esta gracia para mí y para toda nuestra querida Provincia”.

El Papa Juan Pablo II lo beatificó en Cracovia, Polonia, el 18 de agosto del año 2002.