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Despedida al P. Juan Miguel Zaldua, S.J. ¡Gracias por compartir 7 años con nosotros en la CPAL!

Publicada en 24 · ago · 2017

Hoy, despedimos de Lima al P. Juan Miguel “Potxi” Zaldua, agradeciéndole el camino recorrido juntos en el equipo central de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y El Caribe (CPAL); primero como Secretario (2010-2013) y luego como Delegado de Formación en los cuatro últimos años.

Desde el año pasado el P. “Potxi” asumió la misión de ser Instructor de Tercera Probación en Bolivia, tarea que continuará desarrollando el próximo año entre los meses de febrero y julio.

Si hay dos palabras que lo pueden definir son: compañero y alegría. Los que hemos tenido la gracia de vivir o trabajar con él (jesuitas formados o estudiantes, colaboradores laicos) hemos experimentado siempre su presencia cercana “como un amigo que marcha al lado de otro amigo”, y su permanente alegría y buen humor. Dos características que le hacen un buen testigo de lo divino.

Al P. Potxi un grande abrazo agradecido no sólo de parte de este equipo (en la oficina de la CPAL), sino de todos los amigos y amigas que ha dejado por los caminos de América. “Buen viento y buena mar”, compañero.

 

 Para ver el video de la entrevista realizada, haz clic aquí. 

 

A continuación compartimos con ustedes las palabras de agradecimiento y de despedida del P. Juan Miguel Zaldua, S.J, que fueron presentadas durante la homilía en la Eucaristía de Clausura de la XXXIII Asamblea de la CPAL.  (HECHOS 13, 26-33 – JUAN 14,1-6):

“En la casa de mi Padre hay muchas estancias o lugares donde vivir”, nos dice hoy Jesús. Yo podría añadir que en la CPAL también hay muchos lugares y espacios de vida. De ello soy testigo y me he beneficiado a lo largo de estos siete años en el equipo residente de la Conferencia.  Pero algunos de esos lugares no son para permanecer siempre en ellos; hay que dejarlos e ir a otros, hay que saber decirles ‘adiós’ para poder después decir ‘hola’ en otra parte. Y esto porque la razón de nuestra vida, que es Jesús, se identifica en el evangelio como el Camino.  

Estos años de mi vida de jesuita han tenido y tienen mucho de ‘camino’, en clave geográfica también, pero sobre todo en clave vocacional-espiritual. Las seis asambleas como secretario y otras tantas como delegado de formación, junto con las reuniones del sector Formación y las invitaciones a los encuentros de escolares y Hermanos, retiros o cursos a novicios y Ejercicios de provincia, me han llevado por toda la geografía latinoamericana, enriqueciendo mi vida y ampliando la capacidad de ‘aproximación cordial’ y adaptación a los distintos lugares y personas.  

Recordaré siempre con gusto y muy agradecido los años vividos en Brasil y en Perú. La integración de las tres comunidades jesuitas de Río de Janeiro, mediante una programación anual que nos convocaba mensualmente para rezar juntos, celebrar fechas y acontecimientos, conversar fraternalmente, compartir la mesa, realizar excursiones… fue una experiencia inédita en mis años de Compañía hasta hoy. Por eso me costó salir de Brasil, más que por sus playas cariocas y demás bellezas naturales… aunque también. 

Por el dolor que sentí el 26 de diciembre en el aeropuerto de Lima cuando, por haber estado más de la mitad del año fuera del país, me anularon la residencia, me quitaron la cédula y me redujeron a la condición de turista, comprendí que mi corazón también es rojiblanco. La provincia peruana ha sido acogedora, fraterna y generosa con nosotros; una provincia que me recuerda mucho a la mía, por su perfil apostólico, sus obras, su composición humana de variadas procedencias… Todo lo cual me ha hecho sentir en casa, hacer buenos amigos y el que ahora me cueste dejar el Perú.

Colaborar con tres presidentes de la Conferencia en la aprobación, divulgación e implementación del PAC, apoyar la estructuración de la Formación junto con un excelente grupo de delegados provinciales, consolidar el Mes Arrupe gracias a la hospitalidad de la provincia centroamericana y a la inspiración y aliento vocacional que brinda su historia martirial, conocer a tantos jesuitas formadores o no y a tantos jóvenes en formación, redescubrir la vocación de Hermano hoy a través de ese grupo de jesuitas que el Señor está llamando a este modo de vida, a quienes pudimos reunir hace un año en Bogotá y en quienes Dios nos muestra su amor y su gracia para con la Compañía y su misión… ha sido muy gratificante, mucho más que las preocupaciones, problemas o momentos de oscuridad inherentes a cualquier misión, máxime si ésta implica abrir caminos y acoger las novedades que el Espíritu suscita. 

Me gustaría, pues, que estas “memorias sin nostalgia” mantengan vivo en mí el agradecimiento primero a Dios por tanto bien recibido estos años, y luego a quienes han confiado en mí y apoyado las tareas encomendadas. ¡Que así sea!.

¡Que así sea!.

 

 Oficina de Comunicación – CPAL